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Charla del P. Kentenich a la Rama de Hombres
De WikiSchoenstatt
[editar] CHARLA DEL P. KENTENICH A LA RAMA DE HOMBRES
Recuerdos de 1912, 1914 y de la Primera Guerra Mundial
Según se cuenta, los caballos del ejército dados de baja -no es éste un saludo para dirigirme a ustedes- comienzan inmediatamente a moverse, echan espuma en el freno y se ponen inquietos cuando, ya viejos, vuelven a oír música militar. Así también me sucede a mí. Cuando veo hombres ante mí, hombres de todas las edades, como un viejo caballo del Ejército en tiempos pasados, espontáneamente, vuelvo a pensar en 1912, en 1914; pienso en la Primera Guerra Mundial y en todo lo que estuvo ligado a ella.
¡Cuántos planes forjamos!
¿Pueden ustedes imaginarse los recuerdos que así se despiertan? ¡Se podrían contar tantas cosas ingeniosas realizadas por los estudiantes! ¡Qué no hicieron! Dondequiera se trate de alguna revolución mundial, siempre se puede presumir que detrás hay estudiantes, al menos en alguna forma. Y también cuando se trata de evoluciones y revoluciones en el reino de Dios. Así fue en los años de 1912 y 1914; era un pequeño grupo de jóvenes en sus años de desarrollo, que estaban conmigo en el Santuario. ¡Qué de planes fraguamos entonces! ¡Y lo que resultó de todos esos días!
Hay hombres en los cimientos de nuestra Familia
Como un gran acontecimiento histórico, firmemente queremos dejar establecido que la base, el comienzo y la fundación de nuestra Familia están vinculados a un grupo de hombres jóvenes, vigorosos y magnánimos. Por lo tanto, ustedes pueden comprender que en estos momentos pensamos en todos esos jóvenes que, en aquel entonces, dieron su vida por la patria, pero también por el reino de la querida Madre de Dios y por el reino del Padre. Baste recordar, por ejemplo, a José Engling y a todos los otros congregantes héroes, grandes y pequeños, de aquel entonces. Escuchen cómo Max Brunner exclama en una solemne asamblea: Ave, Imperatrix, morituri te salutant! ¡Ave, Reina nuestra (por eso decimos hoy Madre y Reina Victoriosa tres veces Admirable de Schoenstatt), los que están dispuestos a morir por ti y por tu reino estamos aquí y te saludamos!
Nuevamente están aquí los que se entusiasman por la gran misión de la Santísima Virgen
Este es el espíritu del espíritu original, el espíritu de la asamblea de varones de aquellos años, el espíritu del Espíritu de Dios, el espíritu del Espíritu de Cristo! En resumen, aquéllos que entonces se reunieron en torno a las murallas de Schoenstatt; aquéllos que, en Schoenstatt y por Schoenstatt, hicieron la primera consagración y se entusiasmaron por la gran misión de la Virgen del Santuario de Schoenstatt, todos ellos vivieron según la consigna: Qui insignes esse volunt. Es decir, ¡aquéllos que quieren distinguirse en el servicio de la Madre de Dios, la Madre tres veces Admirable, Reina Victoriosa de Schoenstatt, están todos aquí y te saludan!
Sentimos que esta nueva fundación nos concierne
Al reunirnos hoy por primera vez, después de tantos años, en nuestra calidad de hombres de Schoenstatt, como un grupo de hombres de Schoenstatt y estando representados todos los miembros y agrupaciones de la columna de hombres, comenzando por nuestros Hermanos de María hasta la Liga, en verdad podemos sentir que esto nos concierne personalmente a todos. Realmente, tal como ustedes lo han proclamado y también tal como se les ha dicho en estos días, tenemos el propósito expreso de fundar Schoenstatt de nuevo o, mejor dicho, la columna de hombres.
Cuántas veces, en los años pasados, se ha dicho: ¡Vaya, Schoenstatt es algo solamente para mujeres! ¿Dónde está el puñado de varones, dónde están, los varones que, en el transcurso de los años transcurridos, se han jugado por ese Schoenstatt perseguido, discutido y combatido? Quien así se expresa no conoce los entretelones. Quien así habla, olvida que, ahora mismo, en nuestras filas existen hombres vigorosos y probados. Sólo es un puñado, por cierto no muy numeroso, que ha combatido en las luchas de los años pasados, con ánimo similar y victoriosamente, tal como también lo hicieron otros miembros de nuestra Familia.
¡Nueva fundación! ¿Cómo es posible que hablemos de una nueva fundación de la columna de hombres? Lo hacemos porque hemos lanzado la consigna de que todas las partes que componen la Familia deben ser fundadas de nuevo. Por cierto que para ustedes, los hombres, la expresión nueva fundación tiene en verdad un sello y un contenido especial. ¿Pero por qué habrá ocurrido que la columna de hombres, como un todo, no siguió desarrollándose? ¿Quién podría señalar la razón última de este hecho?
Tal vez falló la conducción. Tal vez la jefatura que asumió la gran tarea de conducir la nave, a través de las tempestades de los años pasados, estuvo demasiado ocupada en asegurar la existencia del Movimiento. Tal vez fue imposible orientar a las distintas agrupaciones de la columna de los hombres con respecto a las circunstancias de aquel entonces. Pero debemos alegrarnos de que, al menos una parte de los hombres, se haya mantenido firme.
Acciones que nos convocan
Por lo tanto, si empleamos para la columna de ustedes la expresión nueva fundación, ella tiene un acento especial. Pero cabe preguntarse cómo se explica que de pronto aparezca gran número de hombres que, simultáneamente, acogen el llamado para reconstruir la columna de los hombres. ¿Qué explicación tiene? Tal vez la respuesta resida en que detrás nuestro, la columna de las mujeres y también la columna de los sacerdotes, han llegado a la convicción, o mejor expresado, han recibido de Dios una misión especial: erigir en el mundo de hoy el reino universal del padre.
Restablecer el reino del Padre celestial implica recuperar al padre terrenal
El Reino universal del Padre significa dos cosas: Ante todo y de manera cabal, Dios Padre debe ser reconocido en nuestra Familia como el Creador, como Aquél que gobierna el mundo. Todo lo que hacemos para llevar a cabo la misión de la Santísima Virgen, en este tiempo y en el futuro, tiene como meta última la glorificación del Padre.
Pero, en realidad, el reino del Padre no es solamente un reino del Padre de índole religiosa; no significa sólo velar para que Dios Padre hoy sea nuevamente reconocido en el mundo, sino también significa velar por un reino del padre sobre todo en el reino de nuestra multiforme Familia de Schoenstatt. Todos nosotros que, en los años transcurridos, supimos seguir al Espíritu de Dios, estamos convencidos de que el reino del Padre celestial no puede ser establecido en ninguna parte si, al mismo tiempo, no está vinculado al reino del padre terrenal.
El deseo asesino de dar muerte al padre.
Sabemos que durante decenios, en la cultura mundial y especialmente en Alemania, se ha desarrollado una corriente que, de manera consciente, persigue la meta de dar muerte al padre. Y si ustedes, alguna vez, van a países de otras culturas, pidan ver en la televisión de qué manera allí el padre es respetado y venerado. En todas partes lo verán sólo como una figura humorística; una caricatura que ya no se puede tomar en serio. En la juventud existe el deseo asesino de dar muerte al padre.
Devolver su posición al padre terrenal
Por lo tanto, ahora nos corresponde la gran tarea -probablemente desconocida para nosotros, pero que se nos fue manifestando y descubriendo, cada vez con mayor claridad en el curso de los años- de velar para que Dios Padre sea reconocido en todas partes. Pero, Dios no será reconocido en ninguna parte, en forma general y de manera duradera, a menos que, al mismo tiempo, nos esforcemos para que el padre terrenal reciba nuevamente la posición que le corresponde en el seno de la familia, según el designio de Dios.
¡Con cuánta frecuencia esta enseñanza se ha inscrito en el álbum de nuestra Familia! No contamos con un reino del padre. En vano repetimos, una y otra vez, ese ruego del Padrenuestro: Padre nuestro, venga a nosotros tu reino. ¿Por qué tantas veces y en vano? Porque no nos preocupamos lo suficiente de que el padre terrenal sea nuevamente reconocido en toda su grandeza y en la posición que le corresponde.
En la Familia debemos vivir anticipadamente el ideal del padre auténtico
¿Qué significado tiene, en relación al Padre celestial, la entrega y la vinculación profunda con el padre en el orden natural? Constituye el medio más excelente para conducir nuevamente a la humanidad de hoy al Padre celestial, para llevarlo también a los corazones y, no lo olvidemos, para traerlo también a nuestra Familia. Si hablamos de un creciente Movimiento de hombres, más aún, de un creciente Movimiento de Familias, ello significa que todos los que pertenecen a él tienen la gran tarea de vivir anticipadamente el ideal de la auténtica imagen de padre para las futuras generaciones de hombres.
Somos un Movimiento patrocéntrico
Cuán a menudo pudimos decir, desde este lugar en las últimas semanas: comenzamos como Movimiento mariano y llegamos a ser un Movimiento patrocéntrico. La gran misión de la Santísima Virgen, desde nuestro Santuario y desde todos sus Santuarios, es dar vida a un reino del Padre que tenga un doble sello: el Padre celestial debe ser nuevamente el Señor del mundo; pero, además, la autoridad sana y querida por Dios del padre terreno; tanto en la familia como en el estado, debe constituir una previvencia, un medio para lograr esa finalidad, una garantía para lograr (el reconocimiento de) la autoridad del Padre celestial. Este ideal respecto al padre es y seguirá siendo el ideal para toda la Familia y para las generaciones venideras.
Sacrificios de la Rama de mujeres y de las antiguas generaciones
Probablemente no nos equivocamos al decir que debemos agradecer al Movimiento de mujeres el nuevo impulso que hoy existe en el Movimiento de hombres. Nosotros, los hombres, no sabemos cuántos sacrificios fueron ofrecidos en los últimos años, especialmente durante los años de lucha, por las mujeres, por la columna de las mujeres, y cómo oraban: ¡Venga a nosotros -inspirado desde Schoenstatt, siempre puesto de nuevo en marcha- venga el reino del Padre celestial, junto con el reino del padre terrenal.
Por cierto, para ser honestos y decirlo todo, al preguntarnos por las fuerzas motrices que nos han conducido hasta aquí, pienso que también deberíamos, simultáneamente, considerar y tener presentes los sacrificios ofrecidos en el pasado por las antiguas generaciones. En el reino de Dios nada se pierde y, de manera especial, así es también en el reino de Schoenstatt, porque a todo lo que hacemos y padecemos, a todo aquello por lo cual rezamos y a todo lo que omitimos se aplica, en último término, la consigna de que el reino de la Madre de Dios, de la Madre y Reina tres veces Admirable de Schoenstatt, debe florecer de nuevo, debe renovarse, debe desarrollarse de nuevo, llegando a ser un reino que abarque todo el mundo.
El desarrollo del Movimiento de hombres responderá a dos leyes
Las expresiones padre y reino del padre debieran ser de uso común. Para abrir un poco el camino en esa dirección, desde un punto de vista histórico, quisiera recordar primero a qué valores nos referimos hoy especialmente. Cuando escuché las oraciones de ustedes y me compenetré de sus canciones, pensé para mis adentros: "probablemente ellos esperan de mí algunas palabras que lleguen profundamente a sus corazones". Pero presupongo que todo lo que ustedes necesitan para sus corazones ya les ha sido dicho en otra ocasión. Por lo tanto, no quiero dar una plática devota, sino hacer algunas reflexiones que son fundamentales para todo el futuro de nuestro Movimiento de hombres.
Y, una vez más, si nos preguntamos conforme a qué leyes deberá suceder todo esto, pienso que debo destacar especialmente dos leyes:
a. La ley del retorno cíclico
Una primera ley llama nuestra atención: toda la historia de Schoenstatt, desde un principio hasta hoy, se ha desarrollado según la ley del retorno cíclico. ¿Qué significa esto? Significa que la historia se repite en todas sus etapas, pero, por cierto, cada vez en un plano más elevado.
Esto se puede comprender fácilmente si pensamos, por ejemplo, en la historia de la Familia durante la Primera y Segunda Guerra Mundial y a ello agregamos todos los recuerdos y experiencias por las cuales pasamos durante los 15 o 20 años de lucha transcurridos: siempre encontramos el comienzo de una nueva etapa en un nivel más alto; después, se produce una fuerte crisis y, en último término, aparece la solución de esa crisis. Entonces, se repiten todas las palabras, todos los sucesos y resultados que habíamos experimentado en la etapa anterior.
Dar nueva vida a lo que expresan las actas de origen
¿Por qué digo esto? Si reflexionamos sobre lo que queremos y debemos hacer, tenemos que buscar un punto de comparación en la historia pasada. ¿Qué aspecto presenta este punto de comparación? Salta a la vista: ¡Una nueva fundación! ¿Qué debemos hacer entonces? Recurrir al retorno cíclico de lo que rodea al Acta de Prefundación y al Acta de Fundación. Debemos volver a verlas, escucharlas de nuevo, compenetrarnos de ellas y repetir exactamente lo que, en aquel entonces, giraba en torno al Acta de Prefundación y al Acta de Fundación.
En la medida en que hagamos y repitamos todo lo que el Acta de Fundación y el Acta de Prefundación dicen a nuestro pensar, a nuestro querer y a nuestra conducta, y si volvemos a vivir y saborear lo que realizó la generación joven de esa época, entonces podremos tener la seguridad de estar en la huella correcta.
Los entusiasmos de hoy no bastan
¿Qué se desprende de todo esto? Si quiero grabar en sus mentes las ideas fundamentales, conforme a las necesidades actuales, no sólo cabe hacerles nuevamente presente el Acta de Fundación y el Acta de Prefundación. Tal vez lo que pienso decir no sea tan importante para ustedes como hombres, sino como dirigentes de los hombres. Por lo tanto, como dirigentes del Movimiento de hombres, no debemos simplemente orientarnos en forma ciega por nuestros corazones y recoger lo que en cada caso entusiasma en la época actual. Lo esencial reside en el deseo de renovar en nosotros el espíritu de la Familia, en dar un sí a la idea del retorno cíclico de nuestra historia. Así, en todo tiempo y en todas partes, tendremos un ejemplo, un modelo según el cual orientarnos, según el cual debemos y tenemos que orientarnos.
b. La ley del desarrollo orgánico
Debo señalar una segunda ley. En cada caso, ésta expresa que se alcanza la comprensión de nuestras Actas de Fundación cuando ya han terminado de madurar. Esto es similar a lo que sucede en la historia de la Iglesia. Lo que el Espíritu de Dios deposita en la tierra de la Iglesia como pensamientos e ideas, debe compararse a un grano de semilla que se siembra en la tierra. Ahora bien, si queremos comprender más exactamente la fuerza germinal que hay en el grano de semilla, debemos esperar -esto es siempre lo más seguro y lo mejor- hasta que el grano de semilla se haya desarrollado. Dicho de modo más preciso para los zorros viejos, aunque no hay muchos por aquí, para los antiguos, para los dirigentes de nuestra Familia: sólo después de que hubo pasado el 20 de enero de 1942 y todos los acontecimientos que lo siguieron, pudimos comprender con mayor exactitud la primera Acta de Fundación y el Acta de Prefundación.
Descubrir el sentido de la fundación a la luz de su desarrollo posterior
¿Qué quiere decir esto, aplicado a nuestro caso? Si queremos hacer reflexiones fundamentales sobre los principios -que no se refieren tan directamente al corazón sino que pretenden iluminar la razón y también, a través de ella, indirectamente dar un poco de calor al corazón- en ese caso tenemos que leer las palabras del Acta de Prefundación y de la Primera Acta de Fundación a la luz del futuro. ¿Cuál puede y debe ser el resultado? ¡Es algo evidente! En primer lugar, logramos entender mejor cada una de sus palabras y, entonces, como es obvio, de ahora en adelante, captaremos en forma clara y segura la plenitud de su contenido y podremos aplicarlo al renacimiento, a la refundación de nuestra Familia.
Me parece que con esto ya he preparado suficientemente el terreno.
Nueva fundación según el modelo original
¿A qué nos referimos ahora? Recordémoslo una vez más. Los que estamos aquí, creemos que estamos llamados y somos enviados a fundar de nuevo el movimiento de hombres; y para decirlo de modo más exacto, llamados a fundarlo según el modelo de 1912 y 1914. El Acta de Fundación es un remate del Acta de Prefundación. El Acta de Prefundación y la Primera Acta de Fundación son dos partes igualmente esenciales del mismo proceso de vida. No entenderemos la Primera Acta de Fundación sin una comprensión del Acta de Prefundación. Y no podemos vislumbrar el alcance del Acta de Prefundación sin examinar el Acta de Fundación.
¿Qué debo hacer entonces? Un doble trabajo. Pero es tan extenso y tan amplio, que puedo decir, desde un principio, que ustedes deben contentarse con sólo algunas indicaciones. Y si luego me equivoco y me detengo más largamente en el primer punto, ustedes deben saber que, al tratar el segundo punto, tendré que ser más breve para no retenerlos aquí demasiado tiempo. Hago esto con gran amor, por amor al Movimiento de hombres, pero también por amor a toda la Familia, pues las cosas sobre las cuales aquí hablamos son de importancia fundamental para el futuro de la Familia, sobre todo para el trabajo pastoral de los jefes. Tal vez los demás podrían no llegar a compenetrarse tan profundamente de ellas, por lo menos no de manera permanente.
El modelo de 1912 se dirigía a una mentalidad adolescente
Por lo tanto, cuando pienso en el Acta de Prefundación, después de todo lo que he dicho, creo poder agregar que cuando renovamos esa fundación en nuestro pensamiento, en lo que queremos hacer, y la revivimos, está comenzando un nuevo ciclo pero, por cierto, en otro nivel según luego veremos.
En ese sentido, ¿qué nos dice el Acta de Prefundación? Ustedes se darán cuenta inmediatamente de las razones por las que tanto he hablado del reino del Padre. Compenétrense una vez más del Acta de Prefundación. Y agreguemos una premisa: el Acta de Prefundación estaba dirigida a una juventud que, en ese entonces, estaba manifiestamente en la adolescencia. Como complemento de lo anterior, debo agregar lo siguiente: a quien conozca en alguna medida la estructura actual del mundo, la disposición espiritual de la humanidad de hoy, no le será muy difícil decir que toda la sociedad humana vive como si estuviera en los años del desarrollo o, dicho más exactamente, en la edad del pavo. Y aunque tengamos más edad y quizás hayamos conservado algunos restos de virilidad madura, en general debemos admitir que la humanidad actual, en su conjunto, se mueve como si estuviera en la adolescencia, en los años del desarrollo.
¿Por qué destaco esto? Porque, en realidad, el Acta de Prefundación estaba dirigida expresamente a esta edad. Y todos nosotros somos así, seamos sacerdotes o laicos. En todo caso, debemos contar con que las reminiscencias de la edad del pavo han celebrado o están celebrando de nuevo su resurrección en todos nosotros.
El contenido de la plática condicionó el desarrollo futuro
Como ahora ya sabemos que la plática no sólo estaba dirigida a la juventud de entonces, comprendemos que está también dirigida muy especialmente a nosotros. Escuchen ustedes una vez más lo que dice: Bajo la protección de María queremos autoeducarnos para ser caracteres libres, firmes y sacerdotales".
Considerando las cosas fundamentales que hemos tocado, ustedes advierten que con ello se abarca y se abre el camino a todo un mundo. De hecho, su contenido siguió siendo una línea clara para todo el desarrollo de la Familia, tanto para el desarrollo espiritual como para el desarrollo del carácter de la Familia.
La historia de la Familia es una historia de libertad
¿Acaso el Movimiento de Schoenstatt no es un Movimiento de libertad? No sería difícil demostrar -es una tarea para cerebros sagaces- que la historia de la Familia constituye muy especialmente una historia de libertad. La historia de libertad de una Familia que, en términos generales, ya había señalado, vivido y encarnado anticipadamente las libertades otorgadas por el Concilio. Un movimiento de libertad conforme al cual la Iglesia, la Iglesia post-conciliar, puede orientarse en alguna medida.
Naturalmente, son palabras de mucho peso sobre las que debemos reflexionar hasta llegar a entenderlas. Por ejemplo, basta reflexionar sobre la nueva manera de entender el concepto de obediencia y compararla con la de antes. Hoy la obediencia es comprendida más como un compromiso de libertad y no tanto como un compromiso de obligación. Del mismo modo podríamos seguir conversando y así reflexionando sobre otros aspectos.
Adquirir caracteres sacerdotales
Esta reflexión puede desarrollarse a través del curso de la historia del Movimiento. Analicemos cada palabra. Veamos entonces cuál es la meta. Me refiero a la meta de cada miembro de la Familia. La meta de la educación es actualmente mucho más clara que en el Acta de Fundación, donde sólo se la supone.
Entonces, ¿cuál es la meta? ¿Qué debemos llegar a ser? Todos debemos llegar a ser caracteres sacerdotales. ¡Sacerdotales! Por primera vez surge la palabra sacerdote. Ahora debemos interpretar el significado de esa palabra recordando que es como un grano de semilla que fue enterrado. Entonces podemos preguntarnos: ¿Cómo se desarrolló el grano de semilla? ¿Con caracteres sacerdotales? Ante todo, la palabra sacerdotal debe entenderse en su sentido propio. En su desarrollo, lo sacerdotal se volvió "carácter sacerdotal"
En 1912, se trataba de lo sacerdotal. Pero ahora, nos adelantaremos algunos años, digamos medio siglo, hasta 1962. En realidad debemos retroceder aproximadamente hasta 1956, cuando, súbitamente, se enciende para nuestro joven Movimiento de sacerdotes la expresión carácter sacerdotal. ¿Qué significa esto? Nos referimos a paternitas, es decir, paternidad en el sentido más eminente de la palabra. Nuestra joven comunidad de sacerdotes, la nueva pars motrix et centralis, eligió el ideal de "padre" y "comunidad de padres". Ahora traten de captar las razones por las cuales uso todas estas expresiones.
Quiero explicarles lo que quiere decir reino del padre y que el reino del padre siempre estuvo contenido en germen -repito, contenido en germen- en los granos de semilla que el Dios bondadoso sembró en tierra de la Familia. En tiempos de la Primera Fundación, las expresiones sacerdotal y caracteres sacerdotales, se usaron en su sentido restringido, porque los jóvenes a los que se dirigían esas palabras tenían ante sí el ideal de ser sacerdotes. ¡Caracteres sacerdotales! Piensen ahora en lo que sucedió algunos años más tarde, cuando Schoenstatt se desarrolló fuera del internado, en lo que hemos denominado Movimiento de Schoenstatt o Congregación Mariana original, cuando salió de su estado de crisálida para convertirse en la Obra de Schoenstatt... ¿Cuándo ocurrió eso? En 1918 y en los años siguientes.
El ideal de un jefe es la paternidad sacerdotal
Luego, Schoenstatt siguió desarrollándose en los años 1933, 1934... Se dieron cursos sobre la manera de educar a la juventud de entonces. ¿Y qué es lo que fue presentado como ideal, como ideal de un dirigente? Las expresiones que se usó fueron las mismas: paternidad sacerdotal y maternidad sacerdotal.
Observen que siempre se trata de expresiones centrales, que cada vez se van llenando de un nuevo contenido; estas expresiones siempre retornan hasta que, de pronto, cristaliza en toda la Familia este gran ideal: la Virgen de Schoenstatt quiere erigir un Reino del Padre para los tiempos venideros, para la Iglesia que está en los umbrales de una nueva época, con un doble sello. Uno de ellos corresponde a este mundo y otro corresponde al mundo sobrenatural.
Paternidad sacerdotal significa inmutabilidad y anclaje en el más allá
¿Qué quiere decir la expresión "paternidad sacerdotal"? ¿Debo repetirlo? El ideal de un jefe, el ideal de un auténtico jefe, es la paternidad sacerdotal. ¿Acaso no deberían también encarnar el ideal de un jefe todos los varones, sobre todo quienes quieren casarse? Aquí la expresión debe entenderse ante todo en un sentido impropio, según el sentido que tenía para la opinión de los círculos pedagógicos de aquel entonces.
Más adelante, esa expresión se circunscribió directamente a su sentido propio. Nos referimos a sacerdotal en un sentido traslaticio, es decir, en el sentido de un anclaje en el mundo del más allá, con absoluta paz metafísica. Es una paternidad que está anclada en el mundo del más allá (si bien sólo en forma puramente metafísica), en el terreno de las ideas. Pues la paternitas (paternidad) -después tendría que exponer esto más detalladamente- encierra siempre la idea de una inmutabilidad extraordinariamente sólida. Así es el hombre arraigado en el mundo del más allá: no depende de la opinión pública, no es un juguete de ella.
La esencia del sacerdote y del jefe es una marcada paternidad
Sacerdotal. Tratándose del jefe, por cierto que sobrenaturalicé inmediatamente la expresión paternidad sacerdotal, que era corriente en ese entonces. Pues, dado que todos somos miembros del Corpus Christi Mysticum, de alguna manera participamos de la función sacerdotal de Cristo y, en cierto sentido, de la función vicaria de la cabeza. Estas cosas pueden sonar un tanto extrañas, pero están dichas para las futuras generaciones. Deduzcan y reflexionen de qué modo se va revelando progresivamente la gran idea en la expresión carácter sacerdotal. Ser jefe, ¿qué significa? Sacerdocio, ¿qué significa? ¿Cuál es la esencia del sacerdocio? ¡Una marcada paternidad!
Nadie puede ser padre si no es niño
Esta paternidad sacerdotal también debe ser el gran ideal de toda la educación del varón, y también el ideal para cada varón en la Familia. Repito una vez más: esto sólo puede llegar a entenderlo quien viva plenamente en la tradición de los años pasados. Muy en los comienzos, ya expusimos la metafísica del alma de la mujer y del varón. En aquella época parecía algo extraordinariamente inequívoco y claro. Al considerarlo ahora pareciera extraño cómo formulamos el ideal del varón, tal como se deduce de su naturaleza: ser puer et pater, niño y padre. Después, a lo largo de décadas, seguimos elaborando este concepto. Una vez más comprobamos que, en su desarrollo, la Familia ha permanecido siempre fiel a las ideas centrales. Más adelante explicaremos por qué nadie puede ser padre si, al mismo tiempo, no es niño. ¡Es el ideal de la educación!
No dejan hablar ni del padre ni del niño
Hoy se afirma con insistencia que al hombre joven no se le puede decir nada sobre esta necesidad de mantener el carácter de niño. Ciertamente, no corresponde decírselo al comienzo. Demora un tiempo hasta que suena este acorde. Pero pienso que a la juventud no le disgusta esa consideración. Además, se dice que tampoco se puede hablar de padre. Nadie quiere saber nada del padre y menos los propios padres. Ellos están hartos de ser tan maltratados por la opinión general. A lo sumo se animan a considerarse como amigos de sus hijos pero, a veces, ni siquiera tienen el valor de desempeñar ese rol de amigos.
El "carácter sacerdotal" fue una semilla que condicionó nuestra historia
¿Entienden ustedes lo que quiero decir? Observen de qué manera, con la expresión carácter sacerdotal, se ha sembrado un grano de semilla en la Familia, que ha penetrado toda su historia y se ha desarrollado hasta convertirse en un gran ideal, también para el hombre: el Reino del Padre.
Todo el Movimiento femenino se sacrifica hasta el extremo para que nazca el reino del Padre -y quiere seguir haciéndolo- pues saben bien de qué se trata.
Pero el Reino del Padre celestial no puede llegar en suficiente medida si nuestra columna de hombres no imita y repite la paternidad del Dios vivo, haciéndose un transparente de esa paternidad del Dios eterno.
A menudo se ha hablado justamente de esto en nuestros círculos, afirmando que la paternidad del padre terrenal, en primer lugar, es expresión de la paternidad de Dios; en segundo lugar, que esa paternidad del padre terrenal también es el gran medio para inculcar en el niño la paternidad de Dios; y, en tercer lugar, que la paternidad terrena es la garantía permanente, para toda la vida, de la imagen divina del Padre en los niños.
Descubrir la herencia y reconquistarla
¡Con qué gusto seguiría hablando de esto! Pueden darse cuenta cómo vibro al decir estas cosas. Después de todo lo que hemos conquistado a lo largo de los años, ahora todos debemos lograr una visión de mayor alcance. También los dirigentes jóvenes de la Familia deben llegar a comprenderlo de modo cabal. Para ellos, las cosas deben ser presentadas de tal modo que puedan empaparse del tema, y vivirlo para tenerlo siempre a mano. No hay que quedarse atrapado en un par de pequeñeces o sólo contentarse con un par de ideas hermosas. Porque eso no perdura. Sólo perduran las cosas que Dios nos ha dado a lo largo del desarrollo histórico de la Familia en estos años... "Lo que habéis heredado de vuestros padres, conquistadlo para poseerlo ".
Por lo tanto, ¿cuál es el ideal? ¡Sí, se trata del ideal! Pero, ¿a quién debo dirigirme? ¿A nuestra juventud masculina que quiere fundar una familia? ¿A los que están en la edad madura? ¿A los que han llegado a la ancianidad? Para todos, el ideal consiste en lograr la unión esencial entre una auténtica, profunda y sana filialidad ante Dios y la paternidad ante el mundo, como reflejo del Padre eterno.
Desde un principio y siempre conquistar la paternidad
¿Pero, cuándo debemos comenzar con esta educación? Porque, efectivamente, el texto nos dice: "Queremos autoeducarnos". Desde el mismo momento en que comienza esa autoeducación, comienza también la educación para el ideal del auténtico espíritu de niño y para el ideal de una marcada paternidad. Por cierto que sólo podremos hacerlo si sabemos con más exactitud qué es lo que encierra en sí mismo el auténtico espíritu de niño.
Pero, por supuesto, si tengo ante mí a un joven con mentalidad moderna, es claro que, al comienzo, rechazará ambas expresiones. Necesito tiempo para encontrar el camino hacia él. Un camino lateral siempre llega a la autopista. Nuestra preocupación es llegar muy pronto a la autopista, siguiendo esos caminos laterales.
Vuelvo a repetir: ¿Cuándo comienza mi educación para la paternidad? Puedo ponerme en el caso de que todos ustedes quieran casarse; también en el caso de que no lo quieran y deseen ingresar a una comunidad religiosa; o de no ser así, que quieran mantener un estado virginal. En todos esos casos, el ideal del hombre sigue siendo la paternidad. Y ésta comienza en el momento mismo en que comienzo a autoeducarme.
Quien quiera educar debe ser padre
Cuando quiero dejarme educar, ¿cuál es el ideal que necesitan tener presente quienes me educan? Todo aquel que quiera educarme debe poseer este ideal: llegar a ser un auténtico padre. Pero, para que él pueda llegar a serlo, debe llegar a ser un niño sencillo frente al Dios vivo.
Y también debe ser hijo ante Dios
Esto es evidente. ¿Cuál es la gran norma que puso el Señor para poder ingresar a su reino? El dijo: "Si no os hacéis como los niños, no podréis entrar en mi reino". Y esto no rige solamente para mujeres en general; vale también para los hombres, para las figuras varoniles y vigorosas que más tarde llevarán sobre sí a la Iglesia de Dios, el yugo de la Iglesia de Dios.
En nuestras filas sólo caben los dispuestos a distinguirse en la conquista de la figura del padre
Aún quisiera detenerme en esto un poco más. ¿Cómo se presenta la paternidad? ¿Paternidad, paternitas? ¿En qué consiste el ser padre, la actitud paterna? Sólo necesitamos consultar de nuevo las Sagradas Escrituras, donde se dice: "Debéis ser perfectos, así como vuestro Padre del cielo". Naturalmente esto rige para todos, sin excepción. Pero, tal como están dichas estas palabras, por cierto que rigen especialmente para el varón, para el padre en cuanto varón. Pero, ¿cómo hemos de ser perfectos? Bueno, ¿podría ser algo así como Santa Teresita o como Juan Berchmans o como cualquier otra gran figura varonil?
¡Qué respeto reverente ante el varón! ¡Qué respeto reverente ante el hijo de Dios, ante la creatura! Por muy débiles que seamos, por muy quebrantada que esté nuestra naturaleza, en definitiva no hay ningún ideal que haya sido enunciado de manera más elevada que éste. Al comienzo he dicho una frase que debería repetirla cada diez minutos: En nuestra Familia, al menos en los círculos de elite como los representados aquí, sólo tiene cabida aquel a quien se pueda aplicar aquello de Qui insignes esse volunt, es decir, los que quieren distinguirse. Sólo tienen cabida en nuestras filas aquellos que quieren distinguirse. ¿Distinguirse en qué? Distinguirse en la lucha y en el esfuerzo por realizar el auténtico ideal de varón.
Pero no se trata de esperar durante largo tiempo, mientras aún somos hombres jóvenes y hasta que hayamos apagado nuestro fuego. ¡No! Tan pronto como seamos capaces de tomar las riendas en nuestras manos, allí está la figura vigorosa del padre y del varón, como un ideal ante nosotros.
Aunque toda vida mana de Dios, él siempre permanece inmutable
¿Qué queremos decir con esto? ¿Cómo debe ser el padre? Debe ser la imagen más perfecta posible de Dios Padre. Si quisiera enumerar algunas cualidades que, según las Sagradas Escrituras son propias del Padre, y si quisiera hacerlo más detalladamente, apenas si podría terminar. Pero debemos tratar de mencionar algunas de ellas.
La primera cualidad es la inmutabilidad de Dios. Ya he tocado este punto, pero ahora lo haré más profundamente, en un sentido bíblico-sobrenatural. Si consultamos el Apocalipsis, vemos que allá arriba, en el cielo, hay un movimiento permanente. Todo está en movimiento, pero, a la vez, todo tiende hacia Aquél que está sentado en el trono. ¿Qué se quiere significar esto? El que está sentado en el trono es Dios Padre: inamovible, inmutable. De él proviene toda vida y hacia él quiere volver y fluir (cfr. Apoc. 4,2).
¡Inmutable! Para mí, como varón, ¿qué significan estas palabras?: "El que está sentado en el trono". Los jesuitas han tomado esa imagen como reflejo de su Superior General: Primus motor non movetur (el primer motor no se mueve). Por lo tanto, el que tiene todas las riendas en su mano es inmutable; por eso, el Superior General debe permanecer en el mismo lugar; por así decirlo, debe representar la quietud perpetua y, al mismo tiempo, toda vida debe manar de él. Como varón, ¿qué puede significar esto para mí? Significa que debo permanecer inconmovible en mis convicciones, proclamar los últimos principios de manera inconmovible, mantener firmemente las ideas fundamentales. Pero, ¿quién es capaz de hacerlo así en la actualidad? Esto ni siquiera es considerado como un ideal. Sin embargo, es de una importancia absolutamente fundamental.
¡Inmutable! Cuando las Actas de Fundación y de Prefundación se difundieron más ampliamente, se produjo una gran disputa en torno a las cualidades del jefe. Todo se analizaba teóricamente pero no se llevaba a la práctica.
El padre es autoridad porque engendra vida
Se decía que el padre constituye la autoridad primaria en la familia, porque es imagen de Dios Padre. La proprietas , es decir, lo propio de Dios Padre, es engendrar. El padre participa de esta proprietas de Dios. El es quien engendra. Por consiguiente, el padre es la autoridad primaria en la familia. La autoridad de la madre es una autoridad secundaria, una autoridad que apoya y complementa. ¡Qué extraño suena todo esto comparado con lo que se dice a través de la montaña de papeles que hoy se escriben! Y porque el padre es imagen del Padre eterno, la humanidad tiene el derecho de remontar desde el padre natural, con todas sus características, hasta el Padre eterno.
En el plano natural, ya no existe el ideal de la paternidad
No debemos pasar por alto otro hecho. Dado que en las décadas pasadas -quizás en los siglos pasados- el padre natural ofrecía una imagen totalmente desfigurada del Padre celestial, la humanidad actual, en general, ya no conserva absolutamente ningún ideal sobre Dios Padre. Es por esto -aunque por cierto hay otras razones- que ese ideal ha desaparecido, porque el ideal de la paternidad en el plano natural ya no existe.
Si nos remitimos al Acta de Prefundación, ustedes podrán encontrar la enumeración de cualidades del padre que apuntan hacia las mismas verdades pero desde otro punto de vista.
Los jóvenes ya no aceptan una autoridad abusiva
¡Mi ideal! Si he de llegar a ser padre, ¿qué significa esto? Tener un punto de apoyo inconmoviblemente firme. ¿No es cierto que hoy, una y otra vez, escuchamos decir a la juventud: "Ya no reconocemos ninguna autoridad!"? Pero, en el fondo, esto quiere decir: "Ya no reconocemos una autoridad abusiva ".
En el curso de los últimos decenios, nuestros padres abusaron de su autoridad o no la utilizaron para nada. Los jóvenes se inclinan ante toda auténtica autoridad, si es rectamente aplicada.
Educar y engendrar es crear vida
Auctor esse significa ser autor de la vida. Es decir, yo engendro vida. ¿Cómo lo hago? A través del acto de engendrar, pero, también engendro vida a través de una auténtica y verdadera educación. Educar y engendrar es siempre lo mismo. Como padres, ustedes no sólo tienen la tarea de trabajar día y noche -dicho con exageración- para que sus hijos puedan alimentarse, vestirse y estudiar. Esto aún no es educación. La educación debiera comenzar justamente cuando ustedes llegan a casa y preferirían, más que nada, irse a dormir.
Hay una deuda con las ramas femeninas
El ideal de padre implica una enorme cantidad de sacrificios, de liberación interior del propio yo. ¡Qué profundo e importante es este ideal! También es indispensable que hagamos todo lo posible por alcanzar el ideal de la auténtica paternidad, en gratitud por todo lo que han hecho nuestras ramas femeninas durante una década, procurando que el ideal de paternidad sea cada vez más una verdad y una realidad en todo el mundo, especialmente en el mundo de Schoenstatt.
Omnipresencia es estar siempre presente para todos los que dependen de nosotros
Tomen otras cualidades del Padre eterno. ¡Dios Padre es omnipresente! Es decir, como padre debo ser omnipresente. Por tanto, no puedo decir que mi mujer deba hacerlo todo. Ni tampoco puedo decir, si gano dinero y lo gano con sacrificios, que tengo derecho a mi descanso.
¡Omnipresente! ¿Qué quiere decir esto? Significa, por ejemplo, que los niños están siempre presentes para mí, al menos en mi mente y en mi corazón. Los educadores son personas que nunca dejan de amar. ¿Qué significa ser padre? Significa que mis hijos viven en mi corazón, en mi imaginación, en mi mente. ¿Comprenden lo que significa omnipresencia? En este caso significa la plena entrega al tú de mis hijos y, por lo tanto, significa que, ante todo, no soy yo el centro sino que mis hijos son el centro. Para eso estoy yo allí. Los hijos no están allí, en primer lugar, para mí; soy yo quien está allí para ellos.
Ella puede regalarnos la actitud interior de paternidad
Lo repetiré una vez más: si ustedes quieren encarnar ese ideal de padre, no crean que pueden esperar hasta que Dios les regale el primer hijo. Para ese entonces la paternitas , la paternidad ya debiera estar conquistada como actitud interior. De lo contrario, si sólo comienzan a prepararse en ese momento, no habrá nada que hacer. No pueden pretender que sea posible hacer ahora lo que debió haberse hecho antes. ¿Comprenden a qué altura está el ideal que tenemos ante nosotros? Por eso -y me adelanto al exponer mis ideas- por eso necesitamos tanto que la Virgen María, desde su Santuario, como educadora nos regale la paternitas (paternidad). Sin ella, como schoenstattianos, es indudable que no podremos aspirar exitosamente a estos ideales.
Omniscencia y omnisapiencia del padre
Nuevamente, ¿cómo ha de ser el padre? Ser reflejo de Dios Padre también quiere decir una tercera cosa: ser omnisciente. Por supuesto que sólo puede afirmarse, en cierto sentido y hasta cierto punto. Debo aspirar a saber todo de mis propios hijos, pero cuidando de no hacerlo con presiones, de no sacarles las cosas a latigazos. Con los hijos debe existir una relación de confianza tal que ellos no se queden tranquilos -al menos mientras yo me esfuerce por encarnar las cualidades paternales- hasta que encuentren el camino hacia mí, incluyendo lo que se refiere a sus problemas y necesidades íntimas.
Pero no sólo se trata de ser omnisciente, sino también omnisapiente. Porque así como Dios Padre sabe ponderar si debe exigir o dejar en libertad, el padre natural también debe ponderar si ha de dar recompensa o castigo.
¿Perciben la grandeza del ideal que la Santísima Virgen quiere realizar, sobre todo en nuestro mundo masculino de Schoenstatt? Desde ese ámbito ella quiere que crezca, se fortalezca y se potencie por todas partes ese gran ideal, un gran movimiento en pro del padre, del padre en el ámbito natural, para que de ese modo se pueda preparar el camino, el camino más seguro, para que también Dios Padre sea conocido y aceptado en todo el mundo.
Mi santidad es aceptar siempre la voluntad de Dios
Pero aún más: debo ser santo. Dios es plenamente santo. Entonces, ¿cómo ha de ser mi santidad? Mi santidad consiste en que yo en mi vida ya no sepa otra cosa que aceptar la voluntad de Dios Padre. Decir sí a la voluntad de Dios. Ustedes lo han expresado maravillosamente en sus oraciones personales de consagración; han dicho de qué manera se disponen a dar un sí a lo que está en el plan de Dios para sus vidas, incluso en las durezas que éste implica.
La mejor prédica es mi manera de vivir
Y si ustedes se han ofrecido a María para anunciar la misión de Schoenstatt en todo el mundo y conducir así tanto a militantes como colaboradores de la Rama de hombres, no olviden que uno de los mejores medios, el más seguro, más valioso y fructífero, es el testimonio de la propia vida, cuando, como padre se ha llegado, en alguna medida, a ser reflejo del Padre eterno. El Concilio nos ha señalado, verdaderamente de manera muy clara, que, actualmente, en el futuro y en todas partes, no debemos convencer tanto por la palabra, por medio de prédicas, sino por el testimonio de nuestra propia vida. Ciertamente que todo se ordena a Cristo. ¡Cristo vivido!. Pero el Señor también nos dice: "Quien me ve a mí, ve al Padre".
La santidad es un ideal gigantesco por el cual debo luchar
Precisamente en este tiempo, cuando el mundo ya no tiene la menor idea de cómo Dios conduce el mundo, cuando la mayoría de nosotros no logra mantenerse firme ante los martillazos que Dios reparte de modo que ya no lo entendemos, porque el mundo parece estar lleno de injusticias..., la respuesta es la santidad: decir sí a la voluntad de Dios, aun cuando esa voluntad haya previsto abundantes sufrimientos para mí. Comprendan, por favor, cuán grande es el ideal que se expresa con esto. ¡Es un ideal gigantesco! Y por él debo luchar.
El hombre sacerdotal tiene su hogar en la eternidad
Como dirigente de la columna de hombres, si yo mismo quiero ser un varón auténtico y quiero ser un padre, no puedo llevar una vida burguesa. Si no encuentro un hogar en la propia comunidad, no puedo estar recurriendo a otras familias para encontrar dónde cobijarme. Porque el hombre, sobre todo el hombre sacerdotal, en último término tiene su hogar, en el verdadero sentido de la palabra, en el Eterno, en Dios. Si nosotros, como dirigentes de la Rama de hombres, comenzamos por no sentirnos en casa dentro de las propias filas, en las filas sacerdotales, mañana sólo seremos una caricatura del hombre ideal, una caricatura de la imagen del eterno Padre Dios.
Justicia, veracidad y misericordia
No permitan que olvide agregar todavía algunas cualidades. Dios es el justo y veraz. Sí, es cierto, pero también es el misericordioso. Es muy importante el hecho que nosotros, como hombres, seamos representantes de la justicia y de la verdad. No queremos estar siempre rodeados de una corte que nos siga, y ello ni siquiera con nuestros hijos, y que por temor tendamos a ceder en todo. ¡Debemos ser los hombres de lo justo! Verdaderamente, ése es el gran ideal, tal como siempre se sostuvo firmemente en la Iglesia. Como defensores del orden, debemos representar al Dios vivo. Por eso, siempre nosotros mismos debemos conservar el orden. En cierto sentido, también representar el tipo de persona ordenada.
No podemos sobrevivir sin el amor misericordioso del Padre
Pero también existe el ideal del Dios misericordioso. A decir verdad, ahora tendría que decir casi lo contrario de lo anterior. Algunos de ustedes, por lo menos una pequeña parte de ustedes, han hecho los ejercicios espirituales. ¿Qué efecto hubo en ustedes cuando se les dijo que el Dios vivo es per eminentiam, por excelencia, un Dios de misericordia?
Probablemente no han leído el primer mensaje que envié después de mi liberación, un mensaje de Navidad donde me refería a lo que esperábamos como fruto de los años transcurridos y de las luchas pasadas. Me refiero a la nueva imagen de padre.
¡Una nueva imagen del hijo! Esto fue lo que se expuso, en esos ejercicios, de una manera extraordinariamente hermosa. (Así me lo dijo brevemente el maestro de ejercicios). Actualmente los hombres somos demasiado frágiles; aun cuando pretendemos aspirar a los más altos ideales; en cualquier momento nos quebramos. Por lo tanto, si no estamos convencidos de que Dios es per eminentiam amor misericordioso de Padre, es decir, que nos ama como a la niña de sus ojos y nos protege porque él es Padre..., si dependiéramos sólo de su amor justo de Padre, no podríamos existir. Hoy estamos casi obligados a tomar muy en cuenta la debilidad de la naturaleza humana, los quebrantos de nuestra naturaleza que soporta el peso del pecado original.
Grabar de nuevo en nosotros la imagen del Padre
Por lo tanto, contemplen la imagen del Padre celestial. Me refiero a que si hojeamos en forma rápida las Sagradas Escrituras, encontraremos en ellas al buen Samaritano, o al padre que atrae al hijo pródigo, porque es padre y no porque el hijo lo haya merecido. Entiendan, por favor, lo que esto significa. Si no lo hacemos así -¿cómo decirlo?- si no dejamos que se haga presente y se grabe de nuevo en nosotros esta imagen de Dios, como padres acabaremos por echar por la borda el yugo de la Iglesia, el yugo de Cristo. Hoy todos somos demasiado débiles como para llegar a ser grandes figuras que ilustren los altos valores éticos en toda su realidad. Pero no olvidemos: para mis seguidores, como padre terrenal, soy un modelo del Padre eterno.
Solos no podemos llegar muy lejos
Ahora bien, ¿qué importancia tiene todo esto? ¿Qué he tratado de exponerles? Sólo les expliqué una pequeña palabra: la meta. ¿Cuál es la meta de nuestra educación? Son los caracteres sacerdotales; o dicho de otro modo, la paternidad sacerdotal. Apenas dos años después de la prefundación, nosotros, la juventud de entonces, ¿qué resultados obtuvimos? En realidad no se llegó muy lejos con esa gloriosa autoeducación. Quiero decir que solamente bajo la protección de María será posible esforzarnos por alcanzar la gran meta. Y después, ¿habría que contar principalmente con la propia actividad? Quod non! (¡No!). Eso no dura mucho. Por eso, adelantándonos a lo que debemos decir, afirmamos que la singular conducción divina de las cosas actuó aproximadamente después de dos años. ¡Estalló la guerra de 1914! Con este hecho experimentamos más profundamente la fragilidad de la naturaleza. Y entonces, ¿qué fue lo que pudimos constatar? ¿Cuál fue entonces el éxito de la autoeducación? Por cierto no fue pequeño. Pero fue mucho menos de lo que realmente debíamos y queríamos hacer.
Redescubrir cómo intervino la Santísima Virgen
La forma en que ella intervino de modo tan preciso es algo que ahora no deseo relatar. Aunque sí valdría la pena examinar de nuevo todo esto, ya que debe ser contemplado desde un nuevo punto de vista... Hoy no necesitamos revisar toda la literatura para saber lo que tenemos que hacer... Lo primero es estudiar de nuevo y más profundamente la propia historia; en la propia historia compenetrarnos de la capacidad del poder divino para conducir las cosas; saborear y vivir nuevamente este poder de conducción, también en esta nueva etapa que ahora comienza de nuevo, con el retorno cíclico, especialmente para ustedes, la Rama de hombres... Si lo hacemos, nos sentiremos firmes y entonces seremos como una roca en el mar, en la medida en que eso sea posible para seres humanos.
Ella debe educarnos, no nosotros
Sacamos, entonces, esta conclusión: que nada de esto sucedería sólo con la ayuda de la Madre de Dios y bajo su protección. ¿Qué más debíamos hacer? ¡Ante todo traer acá, desde el cielo, a la Santísima Virgen! ¿De qué se trata? ¡Se trata de una Visitación! Ella tiene que visitar Schoenstatt. Ella tiene que establecerse aquí en nuestro Santuario. ¡Y está allí! Pero ella debe educarnos; ella, no nosotros. De eso se trata. Y ahora, a nuestra autoeducación, agregamos la educación de los demás . Y ése es el gran medio que hemos construído y hecho vida en el seno de la Familia. ¿Qué debe hacer la Santísima Virgen para la Iglesia del futuro, en su carácter de gran educadora de la élite y de la masa? ¡Tiene que educarnos para el ideal de la auténtica paternitas, para el ideal de la auténtica paternidad!
El Acta de Fundación nace cuando ella desciende hasta nosotros
Y así nació el Acta de Fundación. El Acta de Fundación establece una alianza de amor con la Virgen María. Ella se obliga, por así decirlo, a descender hasta nosotros. Ella será la educadora que estimule también en la autoeducación, pero, en último término, ella será quien tome vigorosamente en sus manos nuestra educación.
No permanezcan adheridos a las palabras
Les he explicado unas pocas cosas. Tal vez sean suficientes como para entender, en alguna medida, la meta. Si ustedes van más adelante y quieren comprender las otras partes de las Actas de Fundación, sólo podrán recibir explicaciones de quien conozca toda la historia de la Familia al dedillo, por así decirlo. De otra manera no podrán ser explicadas, y ustedes quedarán adheridos a un par de expresiones, separando una palabra de otra, sin descubrir de qué modo la propia Santísima Virgen ha interpretado el Acta de Prefundación y cómo la siguió interpretando a través de todo lo que ocurrió después.
Es indispensable remontarse al punto de origen y a su desarrollo
Digamos con firmeza y díganlo también todos aquellos de los nuestros que más adelante dirigirán grupos: hay que remontarse a la historia de la Familia en su conjunto, a la historia de su desarrollo, para llegar a conocer las formulaciones originales y convencerse así de que es la Divina Providencia misma la que interpretó el Acta de Prefundación. De esta manera, todo lo que está en el Acta de Prefundación resuena más plenamente. El hecho de que no comprendamos todo inmediatamente, es algo que también sucede respecto a las Sagradas Escrituras. ¿Quién puede comprender frases aisladas? A veces muchas de ellas sólo pueden ser comprendidas después de siglos, porque el desarrollo subsiguiente constituye una verdadera interpretación de las formulaciones originales que el Espíritu Santo realiza.