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Ley de la Resultante Creadora
De WikiSchoenstatt
Esta "ley" es el necesario complemento a la "Ley de la Puerta Abierta". Ella permite "evaluar" y enjuiciar las decisiones y acciones emprendidas a la luz de la "fe práctica".
La "resultante creadora" se refiere a las consecuencias y frutos obtenidos del esfuerzo por realizar la voluntad de Dios. Si la persona ha discernido bien las voces de Dios y ha actuado conforme a su voluntad, esto se evidenciará en los frutos y en la fecundidad resultante. Es más, cuando la persona ha optado conforme a los planes de Dios y ha colaborado en su realización, constatará que la fecundidad y los frutos son mayores de lo que humanamente se podía esperar, teniendo en cuenta sólo las circunstancias, las posibilidades y los medios humanos. Este es un resultado creador, o "resultante creadora"; es decir, con un incremento debido a la intervención de la gracia. Esto es lo que enseña el Señor con la "pesca milagrosa":
"(Jesús) dijo a Simón: 'rema mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.' Simón le respondió: 'Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero en tu palabra, echaré las redes. Y haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse." [Lc 5, 4 6]
Por lo tanto, cuando a la luz de la "fe práctica" podemos constatar una "resultante creadora" en nuestro obrar, tenemos la confirmación de una correcta interpretación de los planes de Dios. Por el contrario, cuando verificamos, como consecuencia de nuestros actos, que no hay fecundidad y, además, han surgido dificultades, obstáculos o conflictos, quiere decir que la resultante no ha sido creadora. Por lo tanto, lo más seguro, es que no se ha optado conforme al querer de Dios. Si esta decisión se ha tomado con la intención de ser fiel a Dios, no hay culpa moral o pecado, pero es el momento de corregirla y enmendar el rumbo.
De esta forma, la "ley de la resultante creadora" permite confirmar o corregir nuestra conducta, a la luz de la "fe práctica en la Divina Providencia".
Esta "ley" debe aplicarse preferentemente en relación a las decisiones que podríamos llamar ambivalentes; es decir, cuando tenemos que decidir entre dos opciones y ambas son posibles y validas, o cuando hay que decidir entre dos bienes algo muy normal y cotidiano. En estos casos, después de sopesar los pro y los contra, tratando de sintonizar con la voluntad de Dios, hay que arriesgar en el sentido de la "puerta abierta", y decidirse por una de las posibilidades y luego esperar a ver si hay o no "resultante creadora".
Aclaramos esto, porque en otras ocasiones, a menudo hay que tomar decisiones en las que están en juego normas objetivas: valores morales y religiosos, compromisos personales, deberes y responsabilidades; es decir, "voces del ser". En estos casos, la opción no es moralmente indiferente (si se decide entre un bien o un mal). Tenemos que optar orientados por criterios morales objetivos, valores evangélicos, leyes positivas, etc., aún cuando sepamos de antemano que esto pueda significar desventajas, dificultades e incluso cruces. Cuando hacemos aquello que en conciencia sabemos que es nuestro deber; lo correcto, lo justo, lo bueno y verdadero, podemos tener la conciencia tranquila y sentirnos fieles al querer de Dios. Si esto nos acarrea desventajas y dificultades, no significa que Dios tenía otros planes, sino que participamos del destino del cristiano que quiere seguir con consecuencia a Cristo y que asume también su cruz. En estos casos, la "resultante creadora" se evidenciará, quizás, en fortaleza, una conciencia tranquila, paz interior y confianza en Dios.
También puede darse el caso, que habiéndose tomado una decisión a conciencia, y que de hecho concordase con los planes de Dios, la fecundidad de los resultados bien pudiera no ser la que se esperaba en términos humanos. Por el contrario, si se "cosechasen" pruebas, renuncias, inconvenientes o sufrimientos, esto no significa automáticamente que nos hemos alejado de los planes de Dios o que Él se olvidó de nosotros. Si la opción era la correcta, y los resultados, según nuestro parecer, son adversos, no significa que Dios es caprichos y que no hay manera de sintonizar con su voluntad. No hay que olvidar que Dios es educador y que es necesario que una y otra vez nos "pode", nos "opere" o nos corrija, para hacernos crecer y conducirnos hacia la santidad. En este sentido, la "resultante creadora" se irá evidenciando mas adelante, en la medida que la persona se desarrolle y madure, y las pruebas y sufrimientos reviertan en frutos y bendiciones de vida, así como en un encuentro más profundo con el Padre Dios.
A través de la práctica de este método, y por la experiencia de vida, se irán logrando criterios más claros y certeros para discernir mejor acerca de la "resultante creadora", y la persona se irá sensibilizando y ganando seguridad en sintonizar con los deseos de Dios.
[editar] Fuente
Tomado de los documentos de Schoenstatt en Schoenstatt México, a la vez se cita como fuente el libro Claves de la vitalidad de Schoenstatt, P. Eduardo Aguirre