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Tercer Acta de Fundación
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Tercer Acta de Fundación

De WikiSchoenstatt

I N T R O D U C C I Ó N


En 1941 la Segunda Guerra Mundial devastó a Europa; la Familia de Schoenstatt sufrió, además, una dura persecución nazi. Varios de sus dirigentes fueron llevados a los campos de concentración. El Movimiento fue prohibido por los nazis como organización exterior. Por último, el Padre Fundador fue encarcelado. De este modo Schoenstatt quedó sin su cabeza y se podía esperar la disolución de la Obra. El envío del P. Kentenich al campo de concentración parecía inminente. La Familia, ante esta perspectiva, hace todo lo posible por evitarlo. Entrar al campo de concentración significaba, humanamente hablando, ir a la muerte, y la presencia del Padre era más necesaria que nunca. Se logra contacto con el médico que debía dar el pase de capacitación para el campo y éste se manifiesta dispuesto a declarar al Padre como incapacitado: causa suficiente era su debilidad al pulmón. Sin embargo, iba a pasar algo insólito. El Padre Kentenich se siente impulsado por Dios a ir al campo de concentración, renunciando a los medios humanos que le ofrecían. Cree ser su deber conducir la Familia a la plena libertad de los hijos de Dios, llevándola, por su ejemplo, hacia la altura de la Inscriptio. Esta nueva profundización de la Alianza sería también la condición de su futura libertad. Por otra parte, yendo al campo de concentración, pretende que quede fehacientemente demostrado el carácter sobrenatural de Schoenstatt: No es un hombre quien guía a la Familia, sino la Santísima Virgen. Con su ayuda y su dirección Schoenstatt saldrá victorioso en todas las dificultades. Era necesario que los miembros del Movimiento se situasen en la realidad del mundo sobrenatural y desde allí juzgasen la situación. El Padre Kentenich tomó esta determinación el 20 de enero de 1942. Una vez dado este paso tuvo la seguridad interior que saldría libre del campo de concentración. La unión indisoluble de destinos entre él y los miembros de la Familia y la reali­ dad de Alianza de Amor con la Sma. Virgen lo convencían de ello.


En esta época y en este contexto se sitúa la Tercera Acta de Fundación. El Padre es trasladado a Dachau el 13 de marzo, habiendo sido señalado desde Berlín como "especialmente peligroso". Primeramente desarrolla una gran actividad en la barraca de los laicos, pues aún no le es permitido ir donde se encuentran los sacerdotes. Pone allí las bases para la fundación de dos nuevos Institutos: el de los Hermanos Marianos y la Obra Familiar. Después de siete meses pasa al bloque de los sacerdotes polacos, lugar donde comienza a perfilarse la Internacional Schoenstattiana. Por último, puede entrar al bloque de los sacerdotes alemanes, en el cual en­ cuentra a muchos sacerdotes pallottinos y diocesanos del Movimiento.


El tercer Documento de Fundación está formado por tres homilías que el Padre dio en la calle del campo de concentración. De ellas sólo se tienen notas tomadas por algunos de los presentes. Las tres son expresión de la vida que la Sma. Virgen despertó en este período. El motivo de la primera, dada el 24 de septiembre de 1944, es la consagración de uno de los grupos o círculos de élite que se habían formado bajo la inspiración del Padre, el "Círculo de la Mano". Su sentido es la fundación de la Internacional. De este modo se profundizó la dimensión de la Alianza de Amor hacia el universalismo.


La segunda homilía fue dada el 18 de octubre del mismo año en ocasión de las "nupcias" entre Schoenstatt y aquella comunidad que le fuera designada por Dios como parte central y motriz. El Padre Kentenich especifica que desde ese momento la Obra de Schoenstatt forma una comunidad inseparable de la Congregación de los Pallottinos "en su nueva —es decir— en su primitiva forma" [1]


El Padre insiste Particularmente en la Alianza con la Sma. Virgen en el sentido de la Inscriptio. La Tercera plática, que constituye un todo con las anteriores, tuvo lugar el 8 de diciembre y fue dada con motivo de la consagración del "Círculo del Corazón".


En ella el Padre Kentenich desarrolla el universalismo de la Alianza en todas sus dimensiones.


Contenido

[editar] HOMILÍA DEL 24 DE SEPTIEMBRE DE 1944

La situación exterior


El domingo 24 de septiembre de 1944, fiesta de Nuestra Señora de la Merced, se celebró, en la noche, la consagración del "Círculo de la Mano". Era un acto de suma importancia. Ésta fue la convicción de todos nosotros. El tiempo estaba muy lluvioso y al atardecer caían, de vez en cuando, torrentes de lluvia. Pero exactamente a la hora de nuestra reunión que debíamos hacer al aire libre (no había posibilidades de reunirse en otro lugar) cesó la lluvia, a pesar de que el cielo siguió cubierto de negros nubarrones. Alrededor de las 19.30. estábamos de pie cerca del pabellón N° 30 y escuchábamos con suma atención las palabras del Padre Kentenich.


[editar] I. Pensamientos preparatorios

Vivimos en un tiempo de conspiraciones y de comunidades de conspiradores. También nosotros formamos, esta tarde, una comunidad de conspiradores. Nos comparamos con san Ignacio, cuando él reunía a sus discípulos. ¿Es atrevida esta comparación?


Una viva fe en la Divina Providencia debe animarnos. Nuestra obra ya está fundada. Probablemente la intención de la Divina Providencia es darle aún más profundidad sobrenatural. Nos reunimos hoy para la consagración, en la fiesta de la Virgen de la Merced. En aquel tiempo se fundaron comunidades enteras para rescatar a los pri­ sioneros de la prisión exterior. Nos reunimos como una comunidad de prisioneros para rescatar prisioneros de la esclavitud interior.


Explicación


Hoy es día de consagración. Días de consagración son días decisivos. Voces de consagración son voces que marcan el destino. Nos decidimos nuevamente por el espíritu de comunidad, el espíritu de fundadores, el espíritu de jefes y el espíritu de instrumentos.


Espíritu de comunidad


La raíz de nuestro espíritu de comunidad es la fe en que la Santísima Virgen ha elegido a Schoenstatt para mostrar allí de modo especial su poder, para formar allí santos de la vida diaria e instrumentos que la ayuden en la realización de este fin. La experiencia adquirida en el transcurso de los años nos demuestra que poseer a la Madre Tres Veces Admirable significa para nosotros también tener comunidad. La fe en la Divina Providencia nos dice que no nos hemos encontrado aquí por casualidad. Nuestra comunidad debe llegar a ser no solamente comunidad de ideas, sino también comunidad de vida.


Por lo tanto, con motivo de la consagración, debe formalizarse esta noche la decisión de responsabilizarnos los unos por los otros.


Estamos mutuamente comprometidos para toda la vida. Nuestra comunidad no debe permanecer sólo como un hermoso recuerdo, sino que debe continuar más allá de Dachau.


Espíritu de fundadores


La oración de consagración está totalmente saturada por el pensamiento del espíritu de fundadores. Es éste un pensamiento enaltecedor. Cada uno de nosotros ha de ser fundador, cada uno padre de un gran pueblo así como Abraham.


a. Quisiéramos decir con el profeta: nuestra lengua es pesada.

b. Sabemos por experiencia que nos falta mucho aún para alcanzar la madurez.

c. Las dificultades que se nos presentan son demasiado grandes.


Todas estas dificultades las vence el espíritu de fundadores. Pensamos en los Congregantes héroes[2]. Ellos, sin duda, eran limitados, carecían de madurez, tenían que enfrentarse con grandes dificultades. Sin embargo, fueron la semilla para una gran cosecha. No debemos contar con grandes éxitos como resultado de nuestros esfuerzos, ni aquí, ni fuera del campo de concentración. Pero, a pesar de todo, debemos tratar siempre de conocer la voluntad de Dios y de ponerla en práctica. Espíritu de fundadores es espíritu de responsabilidad y espíritu de sacrificio.


Espíritu de jefes


El jefe debe:


a. Orientarse por una única gran idea y arder por ella;

b. Consumirse enteramente por los suyos;

c. Estar arraigado en aquel mundo que ha de anunciar, en una medida que sobrepase lo común.


Espíritu de instrumento


Aquí se nos dio sólo algunas directivas, pues este punto había sido objeto de muchas reflexiones e intercambio en los meses pasados.


Nos dirigimos en seguida, interiormente preparados, a la Capilla del campo. Cada uno se arrodilló y rezó en silencio. Todos nos encontramos junto al altar y nos consagramos a la Madre Tres Veces Admirable como instrumentos: Úsanos, Madre Tres Veces Admirable, como instrumentos aptos para que nuestra patria y todos los hombres se sometan a tu suave reino schoenstattiano, para la infinita gloria de Cristo y de la Trinidad.


Una hora de suma importancia había terminado. Como pequeña comunidad nos habíamos consagrado a nuestra Madre Tres Veces Admirable de Schoenstatt. En nuestro círculo se encontraban alemanes, polacos y checos, es decir, representantes de diferentes naciones. Con esto se colocaba la base para la "Internacional". Nuestra consagración la enviamos firmada por todos a Schoenstatt.


Lo expresado en la oración del grupo del Instrumento, que podría prestarse a equívocos, debe entenderse en el contexto. Se trata en primer lugar, de la consagración de los sacerdotes pertenecientes al grupo por la cual ellos se comprometen a llevar a Schoenstatt a todo el mundo, especialmente a sus países de origen. Este es el primer paso hacia la Internacional schoenstattiana. Por otra parte se expresa en la oración, de la cual aquí sólo se reproduce una parte, la misión universal de Schoenstatt: La renovación mariana del mundo en Cristo. Schoenstatt quiere ponerse a disposición de la Sma. Virgen, para que ella pueda cumplir su misión en la historia. Schoenstatt lucha para que María sea reconocida como Reina de los pueblos y del mundo, estableciendo así un reinado que prepara y asegura el Reino de Cristo. Así lo expresa la misma oración en otro pasaje. Dice: " ¡He aquí la Gran Señal, la mujer vestida de sol! ¡Tú, Madre, brillas como aurora de salvación en medio de la noche! ¡Tú, Señora, vences la antigua serpiente y aplastas su cabeza! ¡Tú, Reina, que nos traes a Cristo, Salvador y Rey! El mundo renovado por ti, se convierte en el reino de la verdad, y de la santidad, de la justicia y del amor, de la gracia, la vida y la paz.


[editar] HOMILÍA DEL 18 DE OCTUBRE DE 1944

Nos hemos reunido nuevamente aquí como el 24 de septiembre. Otra vez llueve. Esta lluvia puede traer daño o fecundidad. Podemos verla como símbolo de todas las potencias antidivinas con las que luchamos o como símbolo de nuestra propia fecundidad.


¿Cuál es la finalidad de nuestro encuentro?


a. En primer lugar, queremos renovar nuestra consagración del 24 de septiembre. No es superfluo hacer esto. Por más que una consagración haya sido hecha con espíritu sincero, nuestra voluntad siempre está sujeta a la ley de la debilidad: falla por cansancio y debilitamiento. La renovación quiere re­ orientarla hacia su fin y conferirle nuevamente su antigua lozanía y su poder de conquista. Cada iniciativa de la voluntad, en este sentido, significa siempre un movimiento de gracias. Por lo tanto, esta renovación es al mismo tiempo también una hora de gracia, más todavía por la especial importancia que reviste y porque nos ha sido insinuada por la Divina Providencia.


b. Ya el 24 de septiembre consagramos representativamente todas las naciones a la Madre Tres Veces Admirable. La hemos elegido como Reina. En esa fecha ya le dimos una nueva base internacional a nuestra Obra de Schoenstatt. Este desarrollo debe recibir hoy su sello definitivo. Hoy queremos formar aquí una "Internacional". Todos están representados. Hasta ahora era Schoenstatt una obra limitada. Hoy rompe el marco y se hace internacional. Estamos ante el último paso de su desarrollo, tal como fuera ya indicado al inicio en la Primera Acta de Fundación: "...para nuestra casa, para toda la provincia y quizás más allá". Todas las condiciones están dadas ahora. Dios habla por medio de las circunstancias. Así, pues, celebramos hoy un día memora­ ble, parecido al 18 de octubre de 1914 en Schoenstatt y 1919 en Hórde. El desarrollo de 25 años está terminado. Comienza una nueva etapa de la historia.


c. Otro desarrollo más llegó a su término. Nuestra Obra de Schoenstantt se desposa definitivamente con aquella comunidad que le fuera designada, bendecida y dada por Dios como parte central y motriz. La trascendencia de este hecho la comprenderán totalmente aquí sólo algunos pocos. Tenemos aquí a los representantes de la Provincia de Limburgo, la más grande dentro de la Sociedad del Apostolado Católico (Pallotinos). Su autoridad superior acepta plenamente nuestra Obra, de un modo como hasta ahora nunca se vio. En el año 1928, con ocasión de la bendición de la nueva casa (3), comparé las relaciones de ambos bajo la figura del matrimonio. No sé si designé esas relaciones como esponsales o nupcias. En caso de que haya dicho nupcias, debo ahora corregirme. Entre el año 1914 y 1919 ambos se conocieron. En 1928 se efectuaron los esponsales y lo que hoy celebramos son las nupcias definitivas. También en este punto, el lapso de 25 años ha pasado, llegó a su término. Nuestra Obra de Schoenstatt forma en adelante una comunidad inseparable con la Sociedad en su nueva, es decir, en su primitiva forma. Así se realiza la idea que tuvo de ella su Fundador en un comienzo.


d. Al dar una mirada retrospectiva y observar este desarrollo, nos acordamos de la palabra del apóstol: "¿No ardía nuestro corazón, cuando él nos hablaba y nos explicaba las Escrituras?" De la misma manera nos dejaremos explicar las escrituras de este tiempo pasado. Cuando Moisés recibió del Señor el llamado a su misión, se disculpó reconociendo su debilidad: "Mi lengua es pesada y no puedo hablar". De manera pare­ cida lo hicieron otros profetas: "Ah, Señor!" A pesar de sus debilidades el Señor los llamó. Siempre tuvimos como principio no titubear ni vacilar cuando el Señor llamó. Siempre que nos dimos cuenta que algo era la voluntad de Dios, nos entregamos a su realización sin vacilar ni reparar en nuestra propia debilidad. También entre nosotros se desarrolló todo : a partir de pequeños y pobres comienzos. Débiles eran los instrumentos, una comunidad insignificante, muchachos dispersos por la guerra.


Según la placa recordatoria allí había mucho ripio y escombro y sólo eran muy pocos los que soportaban la responsabilidad del todo. Igual cosa sucedió en 1919 en Hórde. También ahora somos pocos y nos sentimos impotentes frente a la gran tarea. La Provincia, en el momento de las nupcias, también es un campo de escombros, completamente dispersa. Exteriormente aparece en un nivel bajo de su desarrollo, casi próxima a la aniquilación. ¡Y ahora estas nuevas tareas que abarcan el mundo entero! ¡verdaderamente débiles instrumentos y débiles portadores! Por otra parte, luchas continuas. Al principio luchas con los alumnos. Lucha con la casa, con la sociedad, con la Iglesia, con los Obispos y finalmente aquí. Y, sin embargo, los éxitos ¡Ese es el signo de las obras de Dios! Así sucede en la Iglesia y en todas partes. A pesar de todas las debilidades y las dificultades, aquí y ahora, aparece visiblemente la mano de Dios.


Aquí tenemos el símbolo de nuestra misión y tarea. La cruz y el estandarte nos muestran el contenido y la amplitud mundial de nuestra misión. ¡Un pensa­ miento grandioso, internacional! La mano que abraza el estandarte: el instrumento.


Nuestras manos son:


a. Manos impuras —se purifican con el roce del estandarte, de la cruz, de la tarea;

b. Manos débiles —se hacen fuertes como las de Anteo;

c. Manos frías —deben llegar a poseer la calidez del amor;

d. Manos temerosas del sacrificio, ¡a pesar de la buena voluntad! —Deben transformarse en manos reciamente dispuestas al sacrificio;

e. Manos estrechas —deben recibir la amplitud del mundo.


Schoenstatt nuestro mundo, todo el mundo ha de transformarse en Schoenstatt. Al servicio de la Madre Tres Veces Admirable y Reina de los Apóstoles. Nuestra Obra es total y enteramente mariana. Pero María nos une estrechamente con Dios Uno y Trino.


Suplemento: "Debemos pedir para nuestra Familia, como regalo de retribución por nuestra entrega, gracias de oración. Sí, muchas gracias de oración contemplativa. No necesariamente para todos nosotros. Pero para todos aquellos que están llamados a ser jefes. Nuestra Obra de Schoenstatt no puede cumplir su misión si un gran número de sus miembros no recibe la gracia de la contemplación".


[editar] HOMILÍA DEL 8 DE DICIEMBRE DE 1944

Involuntariamente comparamos las circunstancias de nuestra pequeña fiesta de hoy con las del pasado 18 de octubre. ¡ Cuánta semejanza! Aquella vez como hoy: el mismo lugar... un pequeño grupo... el tiem­ po lluvioso. .. tempestad... la misma inseguridad y peligro exterior. En aquel entonces como hoy día la misma consagración. . . Solamente con una pequeña diferencia: Estamos acostumbrados a interpretar nuestras consagraciones como una incorporación en el Acta de Fundación de 1914. Últimamente hablamos de tres Documentos de Fundación. Lo que en 1914 se fundó y se delineó a grandes rasgos se despliega ante nosotros con mayor amplitud por el Segundo Documento de Fundación de 1939 y llega a su plenitud por el Tercer Documento, en 1944. Por eso, no deben asombrarse Uds. cuando les digo que la con­ sagración de hoy quiere ser considerada, formal y directamente, como una incorporación en el Documento de Fundación de 1914. Esto quiere decir que por el Tercer Documento de Fundación fuimos indirectamente ligados al Primer Documento de 1914. Pero conscientemente en aquella altura espiritual, tal como se expresara en octubre de 1944. Las fechas grabadas en nuestra medalla, "14 y 44", significan lo mismo. Lo que se vivió y actúa inconscientemente en la Familia desde hace mucho tiempo: la tendencia hacia la amplitud, encontró en 1944 una forma concreta y conscientemente aspirada y vivida. Llegó a ser una tarea claramente conocida. La semilla que se esparció en 1914 en Schoenstatt, por un proceso lento y orgánico, llegó a ser un árbol grande. Lo que el Señor dijo del grano de mostaza y de la levadura, se puede aplicar también, en parte, a nuestra Familia.


Hoy brota de este árbol una rama nueva y fecunda: nuestro círculo. Tiene las mismas características del árbol del cual brotó. Por lo tanto, acoge con el mismo fervor el universalismo que inspiró la consagración de octubre. Lo asume como programa de vi­ da, claramente conocido y conscientemente aspirado. Sí, y aún más, proyecta el universalismo en todos los sentidos: en la profundidad, en la altura, en la latitud y longitud, tal como lo muestra inequívoca­ mente el símbolo elegido.


Vicente Pallotti diría: "Infinitismo". Nosotros queremos apropiarnos de su expresión, pero entendemos por infinitismo el universalismo señalado. Esperáis de mí que interprete lo que en este momento vibra en vuestras almas y busque una expresión. La tarea no es difícil. Sólo tengo que explicar con claridad lo que me dice vuestro símbolo en forma gráfica. Me habla de la tarea original que aceptáis hoy solemnemente. En segundo lugar, me habla de la gracia original que, hoy de un modo igualmente solemne, se os ofrece como don. Veis qué fuertemente vive en mí la antigua manera de pensar, que en cada consagración ve una adecuada renovación de la misión y del don de fundadores. La frase tan conocida: "Lo que heredasteis de vuestros padres, conquistadlo para poseerlo", quiere tomar forma de nuevo, y con más profundidad, en cada consagración. Así permanecemos en medio de toda nuestra movilidad y adaptación a las circunstancias según la voluntad de Dios, de manera eminente, conservadores y vinculados a la tradición.


Nuestro símbolo delinea en forma gráfica, nuestra tarea como universalismo o infinitismo, en la profundidad, en la altura, en la latitud y en la longitud.


a. En primer plano y en el centro, están el corazón de la Sma. Virgen y del Señor. Así interpreto el hecho que el corazón está grabado en la cruz y en las iniciales "MTA"; ambos corazones deben repetir sus latidos tan profunda y prolongadamente en el nues­ tro, hasta que podamos decir: Tres corazones y un solo latido. No es casualidad que hayamos elegido justamente el corazón como símbolo de nuestro carácter de instrumento, y no la mano, como el otro grupo. Queremos ofrecernos y entregarnos a nuestros dueños, al Señor y la Sma. Virgen, no simplemente con la voluntad, la razón y nuestra memoria, sino, principalmente, con el corazón. No nos conformamos con una sola comunión de voluntades. La meta es más alta. Aspiramos a una profunda unión de corazones, a una perfecta fusión de corazones, a la perfecta "Inscriptio cordis in cor", a la "Inscriptio" perfecta de corazones.


El corazón señala, en este sentido, hacia una doble profundidad:


aa. El corazón es para nosotros símbolo del afecto, de lo inconsciente y de lo subconsciente. Queremos estar tan desprendidos de nosotros mismos que tam­ bién la vida subconsciente de nuestra alma se entregue, como instrumento, sin reservas e incondicionalmente, a los autores de la Obra. Esto es lo que queremos expresar con la frase: Tres corazones y un solo latido. Una renuncia de amor tan perfecta no es posible sin una predisposición positiva para la cruz y el sufrimiento, tal como lo requiere la Inscriptio. El universalismo o inifinitismo en la profundidad exige de nosotros un desprendimiento perfecto según la Inscriptio. Cada vez que miramos el corazón, deben formular nuestros labios la petición: "Acepta, Señor, por manos de nuestra amada Madre y Reina Tres Veces Admirable de Schoenstatt, toda mi libertad; acepta toda mi memoria, mi entendimiento, toda mi voluntad, todo mi corazón. Tú me lo diste todo, a Ti lo devuelvo, sin reservas. ¡ Haz de ello lo que tú quieras!. . .".


bb. El corazón debe ser comprendido también como síntesis y núcleo de toda la personalidad. En nuestra medalla el corazón nos llama expresamente la atención sobre la perfecta entrega de toda nuestra persona al Señor y a la Sma. Virgen, en el sentido de la piedad instrumental. Si el instrumento en cuanto tal conoce la renuncia y la entrega, entonces, el instrumento perfecto tiende, en toda la línea, según el símbolo del corazón, a un desprendimiento perfecto y a una entrega perfecta. Las palabras que el Acta de Fundación pone en labios de la Sma. Virgen: "Ego diligentes me diligo", amo a los que me aman, debemos interpretarlas así: "Ego perfecte diligentes me perfecte diligo", amo perfectamente a los que me aman perfectamente.


b. Al infinitismo en la profundidad corresponde el infinitismo en la altura. El otro Círculo del Instrumento aspira, según su símbolo, a la plena realización del misterio de la redención. Por lo tanto, está unido con todo su amor a Cristo, el gran Redentor del mundo, y a la Sma. Virgen, la compañera permanente del Señor en toda la obra de la Salvación. Tal entrega encierra también en sí, por lo menos en germen, la entrega a la Trinidad.


Nuestro símbolo no se contenta con una simple referencia. Lo que el otro grupo tiene como fin implícito, es para nosotros una tarea claramente conocida y aspirada: estar poseído por el Misterio de la Trinidad. La mano extendida señala claramente y con fuerza hacia el Padre. Los siete rayos que pe­ netran toda la creación, nos recuerdan al Espíritu Santo con sus siete dones. El Verbo divino encarnado está claramente simbolizado por la cruz. La Sma. Virgen en su relación de Madre, esposa y permanente compañera del Señor y en su relación a la Sma. Trinidad, está simbolizada suficientemente por las letras MTA. El reverso de la medalla nos define como: Instrumento del Padre por Cristo con la Madre Tres Veces Admirable en el Espíritu Santo. Por lo tanto, no debemos contentarnos con que se diga de nosotros: Tres corazones y un solo latido. Con razón debería decirse: Cinco corazones y un solo latido. No sólo el misterio de la Encarnación, sino también el misterio de la Sma. Trinidad debe encontrar en nosotros ardientes y entusiastas apóstoles y celosos defensores. Aunque en este sentido no hacemos una promesa particular, nuestra pedagogía del ideal exige que consagremos nuestras fuerzas con toda el alma, hasta el fin de nuestras vidas, a esta tarea tan grata a Dios. Así interpretaremos en el futuro el Mandamiento principal: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas". Y todos aquellos que podamos ganar como apóstoles para el Reino de Dios, deben a su vez hacerse apóstoles, como nosotros, del misterio de la Encarnación y de la Trinidad, para que pronto "haya un solo rebaño y un solo Pastor".


c. Nuestra medalla no muestra sólo el globo terrestre sobre el cual se alza la cruz; no quiere conquistarnos sólo como instrumentos en manos de la Virgen y del Dios Uno y Trino para salvar el mundo. Ella muestra también la luna y las estrellas como símbolo de la creación entera a la que el apóstol san Pablo ve sumida en dolores a causa del pecado original. Con esto se expresa el objeto de nuestra entrega de amor. Se dice del corazón de Pablo: "Cor Pauli cor mundi", esto quiere decir que el corazón de Pablo abarca con su amor al mundo entero. Nuestro símbolo exige de nosotros un corazón como el de María, un corazón como el de Cristo, un corazón como el de Dios. Cuánto más se puede afirmar de estos corazones: Cor Mariae... cor Jesu. .. cor Dei et cor mundi. Es bueno y positivo deshacerse de la estrechez innata e incluso cuidadosamente cultivada de nuestro corazón, de ese Yo egoísta y encerrado en sí mismo, a fin de que nuestro grupo realice la más estrecha comunidad de vida posible, de tal modo que pueda decirse de nosotros: "Cor unum et anima una", un solo corazón y una sola alma. Alcanzar el ideal de una profunda comunidad de amor, de vida y de misión, requiere tiempo. Y, sin embargo, con esto sólo habremos realizado una pequeñísima fracción de nuestro ideal. Debemos aspirar más alto aún y más allá. Nuestro corazón pertenece a todos los hombres, a todas las naciones, cualesquiera sea su nombre o su historia. Aún más: el mundo entero debería estar totalmente sometido a la Trinidad. Queremos abrazar todo del mismo modo, lo grande y lo pe­ queño, y no descansaremos hasta que todo el mundo esté sometido al Padre en Cristo, hasta que se realice la palabra: Schoenstatt es mi mundo; sí, el mundo entero tiene que llegar a ser como Schoenstatt. Si el otro grupo ha recibido, en general, una misión para cada una de las diferentes naciones, el nuestro creemos que está llamado a ejercer un marcado apostolado mundial.


d. Al infinitismo en la profundidad, altura y latitud, corresponde también el infinitismo en la longitud. Nuestra meta no sólo es válida para aquí y ahora, sino para mañana, pasado mañana y para toda la vida. Y aquello que aquí en la tierra fue abrazado con todo nuestro amor, aquello que se esperó y por lo cual se luchó, en la medida de lo posible, puede, quiere ser y será objeto de nuestra dedicación durante toda la eternidad. Santa Teresita estaba convencida de que la misión que había recibido en la tierra, había de continuarla y acabarla en el cielo y desde el cielo. Nosotros también tenemos la convicción de que todos los miembros difuntos de nuestra Familia no permanecen muertos e infecundos en relación a la obra común de nuestra vida, sino que continúan activos desde el más allá, en el sentido de nuestra misión. Es así como entendemos nosotros la "comunio sanctorum", la comunión de los santos. Humanamente hablando, puede ser doloroso para nosotros no tener en nuestras filas a tantos que fueron miembros de nuestra Familia. Los que se han ido son ya un número considerable. ¡Quién sabe cuántos instrumentos más se llevará de entre nosotros la Virgen al Schoenstatt eterno! Pase lo que pase, nosotros estamos conformes, y permaneceremos en constante contacto con nuestros muertos. En santa emulación luchamos junto a ellos por la perfecta entrega a la obra de la Madre Tres Veces Admirable. Para nosotros ellos no han muerto. Militan en nuestras filas, y nosotros en las suyas. Sí, nos parece casi más fácil vincularnos a ellos ahora, que durante el tiempo en que permanecían entre nosotros. Y si la sabia Providencia de Dios nos envía de súbito el ángel de la muerte, para llevarnos al más allá, allí donde nos revelará sus planes divinos, entonces, es nuestra esperanza, en estrecha unión con todos los nuestros en el cielo, poder significar más y trabajar aún más eficazmente por Schoenstatt que cuando estábamos aquí en la tierra. Es así como nuestro símbolo señala claramente el infinitismo en todas sus direcciones. Todo aquello que hasta ahora hemos anhelado y por lo cual hemos luchado, queremos incorporarlo desde hoy en adelante, lo más perfectamente posible, en nuestra voluntad consciente. Queremos ser instrumentos perfectos y anhelamos, como tales, una perfecta entrega y una perfecta transmisión de amor. Por lo mismo, esperamos también poder hacer valer perfectos derechos de amor. ¡A Dios gracias! Porque ¿qué seríamos, y qué podríamos hacer sin estos derechos de amor?


Al comparar nuestro estado actual con el ideal propuesto se quisiera apoderar de nosotros un profundo desaliento. Cuánto nos oprime la conciencia de l a enorme falta de generosidad de nuestro corazón y qué amplio debería ser este pobre corazón. Cada uno de los intereses del Dios Eterno debería hacerlos suyos. Y nuestra generosidad no ha llegado a ser lo suficientemente grande como para que con amor desinteresado veamos y busquemos el bien de nuestro círculo más íntimo. ¡Cuánto nos cuesta romper el estrecho marco de nuestro egoísmo! Casi todo lo que hacemos o lo que nos preocupa no sale del pequeño yo. Y ahora se nos pide como meta de nuestra vida el infinitismo en sus cuatro dimensiones. Si estuviésemos abandonados a nosotros mismos sería para desesperar. A Dios gracias, en nuestra gran debilidad, podemos confiar firmemente que, si la consagración ha impuesto deberes de fundadores sobre nuestros hombros, nos da también abundantes gracias de fundadores.


Nosotros vivimos y luchamos conscientes de que la consagración es una Alianza de Amor mutua. Así dice el Acta de Fundación: "...diligentes me diligo... Pruébenme primero que me aman realmente y que toman en serio su propósito. .. Entonces me estableceré con gusto en este lugar y distribuiré abundantes dones y gracias...". Nuestra tarea consiste en mostrar a la Sma. Virgen que en verdad queremos amarla totalmente, en el sentido de la consagración. Todo lo demás es cosa suya. Nos parece oír de sus labios: "Ego perfecte diligentes me perfecte diligo", amo per­ fectamente a los que me aman perfectamente.


a. A partir de la convicción de esta Alianza de Amor, nuestra primera generación fundadora, estaba poseída por una fe inquebrantable en su misión que vencía todas las dificultades, y por una conciencia de avasalladora victoriosidad. También nosotros estamos incorporados a esta corriente de misión. Y porque en nosotros todo toma grandes dimensiones al injertarse en el universalismo e infinitismo, creemos que vamos a recibir de modo eminente, gracias de misión. Por eso nos atrevemos a decir con el Señor, llenos de confianza: "Aquel que me ha enviado no me deja nunca solo. Está siempre conmigo, porque yo hago siempre lo que es de su agrado". Cuando nuestra debilidad quisiera agobiarnos y cuando quisiéramos dejar caer la bandera de nuestras manos cansadas y sin ánimo, cuando el alma está deprimida y nos esforzamos en cumplir nuestra tarea de instrumento sin conseguir éxito exterior, entonces es cuando nos ha de estimular el pensamiento: soy un enviado. Dios ha escogido justamente instrumentos débiles a fin de que brille y triunfe en la totalidad de la obra, aún con mayor claridad, el poder, la grandeza y la gloria suya y la de su Madre. Por eso no nos dejamos perturbar absolutamente por nada y, menos aún, por nuestro desvalimiento, debilidad y limitación. Por el contrario, con san Pablo decimos: "Me glorío de mi flaqueza, porque así se manifiesta en mí el poder de Cristo. ..". "Todo lo puedo en aquel que me conforta".


Esta conciencia de misión y victoriosidad se reafirma en nosotros por la secreta esperanza y confianza en los múltiples dones que la Virgen nos ofrece en virtud de nuestra Alianza. También aquí vale aquello de: Amor por amor, fidelidad por fidelidad. Si tenemos el deseo de amarla con la mayor perfección posible y, por consiguiente, nos ofrecemos totalmente como instrumentos suyos, nos contestará del mismo modo: Ego perfecte diligentes me perpecte diligo, amo perfectamente a los que me aman perfectamente; ¡ totum pro toto! ¡ el todo por el todo! En la medida que nos esforzamos de hecho por realizar la renuncia, la entrega y transmisión de amor, podemos también hacer valer nuestros derechos de amor. Y nuestra perfecta entrega de amor a la Madre Tres Veces Admirable puede esperar como res­ puesta una perfecta entrega de parte suya. O, para aplicar a nuestra situación otra frase familiar: ¡ Mater perfectam habebit curam!, la Madre cuidará perfectamente.


Ella misma se da a nosotros de modo perfecto: nos da todo su amor maternal, su bondad, solicitud y fidelidad. Se entrega toda a nuestro servicio como omnipotencia suplicante, a fin de volver a ser, en nosotros y a través de nosotros, ancilla Domini, sierva del Señor.


Nos da de modo perfecto a su Hijo, "la luz que ilumina a los paganos, la gloria de su pueblo Israel", al Salvador del mundo, Aquel que quisiera ofrecer el mundo entero a su Padre Celestial. Desde su Cenáculo Ella implora intensamente para nosotros el Espí­ ritu Santo con sus siete dones, la fuerza de lo alto, el Consolador y Santificador, quien lleva a la victoria la Obra de Schoenstatt en la Iglesia. Pero Ella no puede ni quiere eximirnos de la espada de siete filos que traspasó su corazón. Sin dolor no hay liberación ni redención. La semilla tiene que sepultarse primero en la tierra y morir para que dé fruto. "Quien pierda su vida por mí, la encontrará". Al mismo tiempo Ella cuida con amor maternal que el dolor no se nos haga demasiado pesado. Nos ayuda a sobrellevarlo y a hacerlo fecundo para la Obra de Schoenstatt.


María nos da de un modo perfecto su misión. Ésta se caracteriza en todo sentido por el universalismo o infinitismo. Como compañera permanente del Señor en toda la obra de la Redención, como segunda Eva, Ella se ha hecho cargo, con su Esposo, de la Redención del mundo. La Virgen destruirá con Cristo el reino de Satanás y exterminará su obra, pues Ella es la gran opositora al demonio, tal como la describe el ProtoEvangelio y el Apocalipsis. Esto es lo que nos muestra explícitamente nuestra medalla: el mundo aprisionado por una cadena con la cual el demonio lo tiene sujeto. La Cruz y el signo MTA quebrantan con fuerza esta cadena. La Virgen necesita de instrumentos para cumplir esta misión universal. Nos ha escogido a nosotros para este fin. Quiere obrar grandes cosas por nuestro intermedio, siempre que estemos vacíos de nosotros mismos y que nos esforcemos en darnos totalmente a Ella y a su Obra.


Por esto rezamos con profundo fervor: Sólo una cosa, Señor, te pido a cambio: tu gracia, tu amor y tu fecundidad; tu gracia, a fin de acatar siempre gustosamente tu voluntad y tus deseos; tu amor, a fin de siempre creerme y saberme, y a veces hasta sentirme amado muy especialmente por Ti; tu fecundidad, a fin de poder ser verdaderamente fecundo en Ti y en la Virgen para nuestra Obra común. Entonces, seré rico, estaré suficientemente colmado y de más desearé. Quisiera escribir sobre nuestra medalla las palabras: ¡Perfecte diligentes me perfecte diligo! ¡Amo per­ fectamente a los que me aman perfectamente! Es en este sentido que les hago entrega de la medalla: "Acepten este símbolo como señal de perfecta renuncia de amor que les lleve hasta la Inscriptio, como señal de una perfecta entrega de amor no sólo a ambos sagrados corazones, sino también a la Santísima Trinidad; como señal de perfecta transmisión de amor, no sólo a su grupo y a su nación, sino también al mundo entero y a la creación entera; y como señal de perfectos derechos de amor. Pueden exigirle a la Virgen que se sirva de vosotros como su obra e instrumento perfecto para la realización de su tarea en el mundo actual.


[editar] Notas

  1. Es sabido que la Comunidad de los Pallottinos en su gran mayoría no aceptó estas "nupcias" realizadas por representantes de la Provincia alemana de Limburgo. Debido a esto muchos debieron abandonar la Sociedad y, junto con otros sacerdotes, fundaron un nuevo Instituto Seglar, los Padres de Schoenstatt, comunidad que hoy asume el carácter de "parte motriz y central" y se siente interiormente ligada a la herencia espiritual de Vicente Pallotti.
  2. Se refiere a aquellos Schoenstattianos, tales como José Engling, que en 1914 y 1918 se esforzaron por realizar en forma ejemplar los Ideales del Movimiento y ofrecieron su vida por la Familia.