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Voces del Tiempo
De Wikischoenstatt
El Dios creador es también Señor de la Historia. La "fe práctica" nos enseña a descubrir la acción de Dios y a sintonizar con su voluntad, en los acontecimientos del tiempo y de la vida. Dios sigue vivo y presente actuando en el devenir humano.
El Señor de la historia interviene a través de su Espíritu tanto en los grandes sucesos del mundo y de la Iglesia, como en el pequeño acontecer de la vida personal. En la fe afirmamos que el Espíritu Santo interviene en las corrientes del tiempo, en los desarrollos políticos, sociales y económicos, en el quehacer cultural de los pueblos, etc. Con la misma mirada de fe, podemos descubrir en las circunstancias, en las "casualidades", en los grandes y pequeños acontecimientos de nuestra vida, la mano de Dios que nos conduce según un plan de amor.
A través de la "fe práctica", el P. Kentenich nos llama a hacer un análisis creyente de las "voces del tiempo", para discernir la acción de Dios y comprometernos con Él. Así colaboramos a la realización de la voluntad de Dios en el mundo y en nuestra vida.
Así lo puede testimoniar, en la práctica, la Familia de Schoenstatt a lo largo de su historia, bajo la conducción de su fundador.
En efecto, el Movimiento se ha desarrollado y ha crecido paulatinamente, a lo largo de una historia de Alianza. El P. Kentenich, "equipado" con la "fe práctica", configuró y condujo a Schoenstatt en dialogo con el Señor de la historia, atento especialmente a los signos de los tiempos: a las voces de Dios en las circunstancias y en los acontecimientos.
Es por eso que Schoenstatt, más que una organización y un sistema, es un Movimiento, un organismo dinámico que pone el acento en una historia de alianza, en la vida y en sus procesos de desarrollo.
En 1952, el P. Kentenich escribía, refiriéndose a como ha surgido y se ha desarrollado todo en Schoenstatt, comparando con la posible reacción de otros ante las mismas circunstancias:
"La diferencia podría consistir en que nosotros, a manera de boys scouts, conscientemente hemos interpretado todos los acontecimientos y hemos respondido a ellos, como un lento desvelar del gran plan global de Dios. ¡Así está en el plan! Esta expresión llegó a ser, con el tiempo, una expresión estable, cargada y llena de contenido, que le daba a todos los acontecimientos, tanto en la propia vida, como en la historia de la Familia y del mundo, una nota muy personal; el carácter de un llamado cálido y motivador. Vox temporis vox Dei (voces del tiempo son voces de Dios), llegó a ser nuestro lema preferido; y mientras más interpretábamos y considerábamos las voces del tiempo como voces y deseos de Dios, menos nos tocaba el reproche del Señor: '¡Saben interpretar los signos de la naturaleza, pero no los signos en el cielo del tiempo!' (Cf. Mt 16, 3)". [PK. Jbr I, 57 s.]
Las voces de Dios en el tiempo tienen una especial relevancia, pues están directamente relacionadas con la experiencia de Dios en la vida; un Dios que va haciendo historia con el hombre, con cada uno de nosotros. Un Dios que está presente, que se revela y se deja descubrir en la experiencia cotidiana, y en la vida de los pueblos.
Esta forma de concebir la fe, asegura que ésta sea una fe dinámica, vital y que da respuesta a la realidad y a las necesidades existenciales de la persona. Configura una religión encarnada en la vida, en contraposición a una religiosidad estática, formalista y pietista, desconectada de la realidad y de la vida.
Esta visión dinámica e "histórica" de la fe nos lleva, así mismo, a percibir otra voz en el "trasfondo" de los acontecimientos del tiempo, que no proviene de Dios, sino del otro gran poder que interviene en la historia: el poder del mal, el demonio.
El hombre está llamado a optar libremente entre estos dos grandes poderes que se enfrentan en el trasfondo de los sucesos de la historia y a colaborar, con uno o con el otro, a decidir su curso.
El hombre debe discernir, en el acontecer del tiempo y en su vida personal, dónde y cómo se expresa el Espíritu de Dios o el "espíritu mundano", para decidirse libremente a colaborar con el Señor de la historia en la construcción de su reino, y rechazar el mal.
"El que no está conmigo, está contra mi." [Mt 12, 30; cf. Lc 10, 16 19; 11, 14]
Criterios que ayudan a este discernimiento se obtienen de los mismos hechos de la historia y de la vida; de las voces de la Iglesia; de los valores del Evangelio que están en juego en los acontecimientos; de los criterios de discernimiento de espíritu que maneja tradicionalmente la Iglesia; de la propia conciencia y el sentido común, etc.
[editar] Fuente
Tomado de los documentos de Schoenstatt en Schoenstatt México, a la vez se cita como fuente el libro Claves de la vitalidad de Schoenstatt, P. Eduardo Aguirre